Resumen
En esta segunda parte y a la espera de una respuesta de Ricardo S. O. de Urbina
acerca de la trascendentalidad, muestro la dependencia que del Ego Trascendental
(E.T.) de Kant tienen tanto Silverio Sánchez Corredera como Javier Pérez, por más que
subrayen sus componentes prácticos, morales, antropológicos. Pero su diagnóstico de
que la omisión del E.T. implica su «muerte gnoseológica», es excesivo porque Urbina no
afirma su desaparición institucional. El E.T., como figura de lo humano puede seguir
funcionando en el interior de las diferentes culturas (inmanentemente) de acuerdo con
entramados institucionales específicos. En todo caso, la comparación entre Kant y Husserl
que hizo Ricardo Sánchez en 2004 permite entender mejor su aparato conceptual,
incluidos los cinco niveles en que se registran las experiencias, la problemática de las
síntesis pasivas y, por supuesto, la distinción entre Innenleib (el cuerpo interno) y el
Aussenleib (cuerpo externo). Por otro lado, aunque Silverio y Javier se ajustan a la letra
del sistema ya formado de Gustavo Bueno, ambos ignoran que en la elaboración del
materialismo filosófico en polémica con el estructuralismo no se utilizó el E.T. como
figura de lo humano, como atestigua el Seminario sobre Estructuralismo de 1968. Al
volver a explicar la génesis del E.T en el materialismo se aprecian mucho mejor tanto la
vinculación polémica de G. Bueno con Kant y el estructuralismo, como el camino
husserliano que sigue en su Noetología. La crítica de Ricardo Sánchez a Husserl respecto
a las deficiencias gnoseológicas de su análisis acerca de la estructura de las ciencias es más
radical y afecta a la estructura misma del conocer, donde la fenomenología privilegia
injustificadamente la percepción, ignorando el papel de la imaginación en el proceso de
síntesis. El problema del E.T. de Gustavo Bueno vuelve a tropezar con el mismo problema:
ignora la imposibilidad de totalizar registros inconmensurables. Los cierres categoriales
alcanzan franjas de verdad que, sin embargo, no pueden totalizarse ontológicamente. Desde
un punto de vista gnoseológico el E.T no es un elemento necesario en la génesis del
materialismo filosófico, lo que no implica, sin embargo, que sea prescindible, ni que no
cumpla funciones específicas en la filosofía de la praxis. Ahora bien como quiera que el ET
tampoco aparece como instancia diferenciada en el «eje circular» del «espacio
antropológico» y que en el sistema de Gustavo Bueno forme parte, más bien, de la
denostada Antropología predicativa, se sigue que no hay una discrepancia radical entre el
materialismo filosófico de Gusatavo Bueno y el materialismo fenomenológico de Urbina, en los procesos respectivos de su génesis, en los que puede señalarse estirpes comunes. Otra cosa es que no se produzcan discrepancias o desavenencias en su desarrollo futuro.

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