Resumo
Existe, en punto a la temporalización, una paradoja que, por lo que sabemos, sólo Platón ha recogido; en el Parménides (141 a-d et 152 a-e). Hablando, a propósito de la temporalización, no ya de lo sucesivo, de lo anterior y de lo posterior, sino de lo más viejo y lo más joven, del envejecimiento y del rejuvenecimiento, y prohibiéndose, por lo demás, “medir” la temporalización respecto de un término fijo (el ser que es o que ha sido o que será), Platón remite el envejecimiento a sí mismo pero respecto de un devenir más joven. Así como, en el registro de la ética, un ser no puede volverse mejor que sí mismo más que relativamente a la parte de sí que por ende se vuelve mejor, no puede el uno volverse más viejo que sí mismo más que respecto de una parte de sí que se ha vuelto menos vieja, luego más joven, y no puede volverse más joven que sí más que en relación a una parte de sí que se vuelve menos joven, luego más vieja. Esta formulación paradójica, que incluso puede parecer sofística, tan sólo debe esa apariencia a que, contrariamente al sentido común, se refiere a aquello que, en devenir, se limita exclusivamente al devenir mismo, sin que en éste (como en la segunda hipótesis del Parménides) acuse parada (“arrêt”) sobre presente (nun) o sobre instante alguno que hiciera las veces del clásico “punto” de referencia fijo, pasado, presente o futuro estables – en cuyo caso, por otro lado, sucedería que lo más viejo y lo más joven serían “al mismo tiempo”, lo cual plantea el antiguo problema de la “simultaneidad” del ser-pasado con el ser-futuro.

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