Resumo
Una de las cuestiones más difíciles con las que se enfrenta la gnoseología tiene que ver con las —sorprendentes— coincidencias que se producen entre las teorías matemáticas y el mundo real, y que, al menos a simple vista, pertenecen a ámbitos muy diferentes. Desde Tales a Platón, o desde Descartes a Hegel, la filosofía se ha preocupado de construir un discurso que dé cuenta de estas correspondencias entre las matemáticas y el mundo, a veces delicadamente armónicas —Galileo formuló la más bella de las definiciones al escribir que el mundo está escrito en caracteres matemáticos— y otras, abruptamente inarmónicas —Chaitin, siguiendo a Gödel, formula una definición inquietante, si dentro de las matemáticas se encuentra escondido el azar—. Parece que el filósofo se ve obligado a construir una ontología que dé cuenta de esas relaciones ya sean armónicas maravillosas ya sean inarmónicas repugnantes (alguien podría servirse de calificativos contrarios: las armonías, repugnantes; las inarmonías, maravillosas).
Referências
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