Abstract
Es tiempo, en el presente, de volver a la institución simbólica, término más o menos equivalente, aunque más amplio, a los husserlianos de Stiftung y de Urstiftung. Como en Husserl, la institución simbólica lo es siempre, para nosotros, de apercepciones que son siempre, como tales, re-conocibles, en tanto que traspasan, en la mayor parte de los casos, las vicisitudes del tiempo, y no dependen,
primariamente, del recuerdo, que no hace más que re-temporalizarlas en presencia. Son pues apercepciones de lengua en un sentido más amplio que el de la lengua explícitamente hablada: no es que toda lengua no pueda ser comprendida, puesto que son reconocibles, sino que pueden codificarse simbólicamente (si se quiere: semióticamente) según otros «sistemas simbólicos» que el de la lengua
hablada, según «otra lengua» que la lengua hablada, que puede ser lengua técnica, ritual o mítica ( en sentido amplio), o incluso filosófica, así pues «lengua» de gestos y de signos mudos tanto como lengua, tradicionalmente, de pensamiento. Esto corresponde, grosso modo, a lo que ha sido el enfoque estructuralista sobre los «sistemas» simbólicos. ¿Por qué desde entonces hablamos nosotros de institución simbólica? No es para encontrar, pues esto sería artificial, algún anclaje en la fenomenología de Husserl- este anclaje lo hemos encontrado más bien después
Literaturhinweise
Richir, M. (1996). L’expérience du penser. Jérôme Millon.

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