Résumé
El trabajo reflexiona críticamente sobre el sentido de enseñar y aprender filosofía, especialmente para quienes han elegido el «filosofar» como forma de vida. Esta actividad debe considerarse esencial en la enseñanza de la disciplina. Uno de los principales desafíos del profesorado consiste en responder al «test de utilidad» planteado por quienes afirman que la filosofía es «inútil» o que «no sirve para nada». Tales juicios suelen asumir el concepto de utilidad impuesto por la «sociedad de mercado». Frente a este criterio, el artículo sostiene que la verdadera utilidad, o el auténtico sentido, de la filosofía reside en su capacidad crítica para desnaturalizar la actitud cotidiana. Puesto que plantearse problemas filosóficos es inherente a la condición humana, la función del docente filósofo consiste en despertar en el alumnado esa disposición crítica, quizá dormida como una potencia que necesita actualizarse.

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