Resumen
Desde La riqueza de las naciones de Adam Smith hasta El Capital de Karl Marx, las distintas ciencias sociales han tratado de dar cuenta y razón del fenómeno de la acumulación originaria del capital, de la plusvalía y de la «mundialización del dinero»,1 un fenómeno que se inicia en las repúblicas italianas del siglo XV y continúa con la globalización terráquea (Magallanes-Elcano), a la que en otra ocasión he llamado globalización bifurcada,2 que, si bien tiene a Europa como centro genérico, se desdobla en diferentes centros con procesos de propagación globalizadora paralelos. A Portugal y España se les van incorporando Holanda, Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica... Pero esta expansión capitalista necesita una técnica y una ciencia muy refinadas y, como explicó Rosa Luxemburgo,3 también un entorno no capitalista para hacerse con el valor excedente y seguir sus ciclos de acumulación; un exterior que el capitalismo considera «naturaleza», un exterior «no civilizado, no científico»

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