Résumé
Tomando como referencia las vanguardias artísticas de
principio de siglo XX, pretendo sostener que ninguna
ideología (entendida como una determinada concepción del
mundo) puede renunciar a asumir las consecuencias reales
(sociales, económicas, políticas) que se desprendan de la
aplicación de sus valores estéticos; y si así lo hiciera,
estaríamos ante un planteamiento ideológico (entendido
ahora como deformación y ocultamiento de la realidad)
esteticista. Tal esteticismo es un virus que se extiende con
asombrosa y peligrosa rapidez, anulando los mecanismos
racionales de análisis y valoración de la realidad social (y
personal), apelando directamente a las pasiones y los
sentimientos más que a las meditadas decisiones racionales.

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